viernes, 17 de mayo de 2013

[Atención, este drabble contiene spoilers de CP2]

Will cerró el libro que estaba leyendo y lo dejó sobre la mesilla. Dio un largo suspiro y su mirada se dirigió a la persona que yacía dormida a su lado, su amada Tessa. Sonrió con dulzura mientras acariciaba su pelo y enredaba un mechón entre sus dedos. Llevaban años casados y se consideraba el hombre más feliz de la Tierra. Pero aunque su esposa le confería una inmensa felicidad, algo que nunca pensó que podría tener, había un hueco en el corazón de Will, un hueco que había sido ocupado por su parabatai. Habían pasado muchos años desde la batalla contra Mortmain y desde que Jem se convirtió en un Hermano Silencioso. Una vez al año, Tessa se reunía con él y le aseguraba que estaba bien. Jem estaba vivo, algo que había creído imposible. Y aun así, dolía, dolía porque no estaba con él.

Desde que Jem llegó al Instituto y se convirtieron en parabatai, habían permanecido siempre juntos. Si bien era cierto que algunas tardes las pasaban fuera, era imposible para todos los que les conocían pensar en uno sin pensar en el otro. Y es que aunque fueran dos personas completamente distintas, se complementaban a la perfección y parecían solo una. Por eso no era de extrañar que pese a todos los años que habían pasado, Will siguiera sintiendo un vacío. Al fin y al cabo era su parabatai, su mejor amigo, su hermano, su otro yo. Por eso, no era de extrañar que llegara el día en que le pidiera a su esposa acompañarla a su encuentro con él. Aunque ella se negó al principio, no le quedó otra que aceptar su propuesta.

El día llegó, pero Tessa no pudo unirse a Will en su encuentro con Jem, así que este tuvo que ir solo. Llegó un cuarto de hora antes de lo previsto con los nervios a flor de piel. ¿A qué se debían esos nervios? Ni siquiera él podría explicarlo, quizás porque eso era algo entre su esposa y su parabatai, o quizás porque tenía miedo de que Jem le rechazara. Pero no, Jem sería la última persona en rechazarle, le recibiría con una amable sonrisa, como siempre hacia. En ese momento, vio a un joven con una túnica acercándose al puente, era él. Cuando se encontraron, ambos se quedaron en silencio durante unos instantes.

-¿William? ¿A qué has venido?

Por una vez en su vida, Will no sabía qué decir. Había ido a reunirse con su parabatai pero no había pensado en qué iba a decirle o qué iba a hacer. Abrió la boca, pero no emitió sonido alguno y volvió a cerrarla. Al ver que no contestaba, Jem prosiguió.

-¿Dónde está Tessa? Se suponía que era una reunión secreta entre nosotros.
-Tessa no ha podido venir. Sé que esto debería ser solo entre vosotros, pero ella no pudo evitar contármelo -Jem asintió suavemente con la cabeza, no le sorprendía que Will lo supiera- y yo tenía que venir -fijó sus ojos en él.- Echo de menos a mi parabatai. Entiendo que convertirte en el Hermano Zachariah era tu decisión y la apoyo, gracias a eso sigues vivo y es lo que más me importa. Pero eso no quiere decir que no eche de menos pelear a tu lado y estar contigo, James -Will calló, esperando una respuesta que nunca llegó.- Eso era todo...

El mayor de los Herondale se dio media vuelta, dando la espalda a quien una vez fue su parabatai (y para él, seguía siéndolo) y echó a andar camino a casa, notando la mirada del Hermano Silencioso clavada en su espalda. Jem no había dicho nada, pero tampoco le hacía falta, le bastaba con haberle visto de nuevo y poder hablar con él. Este, por su lado, observó como el otro se alejaba lentamente hasta que le perdió de vista. Entonces, se dio media vuelta, dedicándole un último pensamiento.

"Yo también te echo de menos, Will"

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