Era el primer día de nuestro viaje y París era nuestro destino. No entendí muy bien las razones de por qué vinimos aquí, ya que Magnus solo soltaba palabras sin sentido como “amor”, “moda”, “Lacoste”, “Dior” y muchas otras marcas de las cuales desconocía su existencia, cada vez que le preguntaba. Durante toda la tarde estuvimos recorriendo tiendas, comprando ropa “típica de Francia” (aunque yo siempre pensé que los franceses se vestían igual que el resto de personas del mundo), la cual consistía en una camiseta de rayas blancas y negras, un pantalón de cuero y una boina.
Y ahora estábamos ahí, en la Torre Eiffel, minutos antes de que llegara la media noche. Magnus estaba delante de mí, dándome la espalda, observando París. La vista era mucho más que preciosa. En verdad no podía creer que estuviera allí, con Magnus, con un subterráneo, con mi… novio. Era tan irreal. Magnus me tendió una mano, con una sonrisa en los labios, esperando a que me acercara a él. Al llegar a su lado, puso las manos en mi cintura y me atrajo hacia él, sin dejar de sonreír. Yo no era del todo consciente de qué pasaba, porque cada vez que miraba a esos extraños ojos de gato me perdía en ellos. Seguramente mis pómulos tenían un ligero color rojizo, pero no me importaba, nada me importaba con Magnus.
Y entonces terminó con la distancia que nos separaba y me besó. Un beso dulce. Un beso que me hacía estremecer y olvidar todo. Ya no existía París, ya no existía la torre, tan solo Magnus. Ni siquiera era consciente de que mis brazos rodeaban el cuello de Magnus, profundizando el beso, y los latidos acelerados de mi corazón sonaban muy lejanos como para darme cuenta de ellos.
*Clic*
¿Clic? ¿De donde provenía ese sonido? Me separé de Magnus desconcertado y le vi con una gran sonrisa en los labios mirando una cámara de fotos. ¿En qué momento la había sacado? Me asomé para ver la foto. Éramos nosotros, hace unos segundos, besándonos, con la luna y París de fondo. Mis mejillas enrojecieron aún más, lo noté.
–¡B-Bórrala! –grité con una mezcla de enfado y vergüenza.
–No –contestó divertido. –¿No te gusta? Es un recuerdo de nuestra luna de miel, nuestro dulce beso en la ciudad del amor –a cada palabra mi sonrojo aumentaba.
–E-Estúpido brujo –me di media vuelta, dándole la espalda y él aprovechó para abrazarme.
–Yo también te quiero, cariñín.
Dicho esto, me volvió a besar. Y me olvidé de la foto y de la cámara y de todo lo demás, otra vez. Estúpido brujo, fue lo último que pude pensar. Estúpido por tener que salirse siempre con la suya.



AWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW, OH MY GOOD, ESTE REALMENTE LO AMÉ, QUE DULCE! <3
ResponderEliminarMe encanta joder, por favor, escribe como sería si fueran a Italia! Me gusta Italia, me gustaría ir a Italia, jope xD
Maaalec <3