Alec abrió los ojos sobresaltado por cuarta vez en esa noche. Era demasiado pronto para empezar a entrenar y su familia se sorprendería si le vieran rondando a esas horas por el Instituto, pero no podía dormir. Y tampoco quería. Sin nada que hacer, cogió el móvil y marcó un número. Un pitido, dos pitidos... "Estará durmiendo" pensó y colgó. Tendría que sobrevivir a esa noche él solo, o eso creía. Pocos segundos después, el móvil sonó. No tardó mucho en contestar, pues sabía de antemano quién le llamaba.
–Magnus –dijo. Un nombre que significaba mucho para él, era el nombre de su novio.
–Buenos días amor –Alec sonrió, imaginaba al brujo medio dormido, estirándose en la cama cual gato.–¿Qué hora es?
–Las cuatro de la mañana. Siento despertarte.
–Sabes que no me importa si eres tú quien lo hace. –El cazador de sombras se ruborizó. –¿Qué pasa? ¿No puedes dormir? ¿Me echas de menos? ¿Tienes pesadillas si n estoy a tu lado? –preguntó con tono burlón. El cazador de sombras permaneció callado.–¿Pesadillas?
Alec suspiró, no era la primera noche que le costaba conciliar el sueño por culpa de alguna pesadilla, pero sí era la primera vez que había tenido tantas seguidas. En el primer sueño, Alec moría debido a un demonio y poco después Magnus comenzaba a salir con alguien. Lo segundo que soñó fue que Magnus conocía a un subterráneo, alguien que le comprendía y con el que podía pasar el resto de su larga, pues inmortal, vida. Tras esto, soñó que Magnus aceptaba salir con Camille. En el último sueño que tuvo, Magnus no prefería a nadie antes que a él, simplemente se hartaba de su forma de ser, de sus celos y paranoias. En resumen, sus pesadillas últimamente consistían en el brujo separándose de él.
Alec se sonrojó, quizás fueran pesadillas un tanto absurdas y no tenía que molestar a su novio con cosas tan pueriles, y menos a esas horas de la noche. Pero ya le había llamado y no había marcha atrás.
–Soñé que... te perdía –dijo en apenas un susurro.
No obtuvo respuesta alguna del otro lado de la línea. Él esperaba cualquier tipo de reacción, pero al no obtenerla sus paranoias surgieron. Seguramente Magnus se reiría de él por estar así debido a tonterías como esas, pues ni pesadillas podían llamarse, o quizás se enfadaría por despertarle a esas horas de la noche. O quizás aprovechaba para decirle que no era una pesadilla y que no quería volver a verle. Ese pensamiento hizo que el terror y la tristeza inundara al joven nefilim. Sin embargo, pronto ese miedo fue sustituido por la confusión cuando vio un objeto púrpura junto a él, en la cama.
–Es un atrapasueños –explicó Magnus– Te libra de las pesadillas. Lo acabo de hacer, funciona –y tras una pausa de unos segundos, esperando quizás a que Alec dijera algo, añadió.–Me gustaría estar contigo ahora para poder besarte y abrazarte. –Alec se sonrojó de nuevo–. Pero por ahora tendrás que conformarte con ello.
Alec cogió el objeto y lo apretó contra su pecho. Una sonrisa adornaba su rostro y el sonrojo se había intensificado. Susurró un suave gracias que, de haber sido Magnus un mundano, no le habría escuchado. Magnus volvió a sonreír.
–Te amo Alexander y jamás me separaré de ti
–Y yo a ti Magnus...



Awwwwwwww, en serio, lo amé, me encanta <3
ResponderEliminarEscribirás más por mí, a que sip? x3