sábado, 29 de septiembre de 2012

Se situó frente al espejo que le regalaba una imagen exacta de ella. Su pelo, perfectamente peinado, con un mechón sobresaliendo en una coleta, su traje se componía de un top palabra de honor turquesa con detalles blancos y una falda asimétrica azul celeste, llevaba unos guantes blancos sin dedos. Cerró los ojos e inspiró profundamente. Aún seguía sintiéndose nerviosa los minutos antes de subir al escenario pese a que llevaba años dando conciertos, algunos incluso más importantes que ese, pero era una de las pocas cosas de su antigua yo que no había cambiado con el paso del tiempo.

Abrió los ojos de repente. Estos se fijaron en el espejo, aunque ella no miraba nada en concreto.

–Estoy lista Kanade –susurró para sí misma.

En ese momento notó como algo la oprimía, unos brazos que pasaban alrededor de su cuello para abrazarla. Sonrió levemente, el espejo no reflejaba a nadie más aparte de a sí misma, pero sabía de sobra que ella estaba ahí, apoyándola con su abrazo, como siempre había hecho cuando aún estaba con vida. Escuchó una voz que le era familiar:

“Mucha suerte, Tsubasa. Juntas podremos con todo.”

Sí, Kanade tenía razón. Juntas podrían con todo. Si bien ella estaba muerta, eso no importaba, pues su espíritu seguiría con ella, y además siempre la llevaría en su corazón. Se dio media vuelta y se dirigió al escenario con energía renovada, dispuesta a dar un gran concierto a su querido público y, especialmente, a ella.

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