viernes, 27 de julio de 2012

Otoya era un adolescente enérgico, y como tal no le gustaba quedarse encerrado entre las cuatro paredes de una habitación. Por eso, desde que era niño, siempre que tenía oportunidad, salía a la calle a jugar, a pesar del clima que hiciera, ya fuera él solo o con compañía, no le importaba. Sin embargo, desde hacía unos meses, eso había cambiado.

–Tokiya… –murmuró el nombre de su compañero de habitación y novio. Estaban tumbados en la pulcra cama del mayor, abrazados– Te quiero mucho –una amplia sonrisa en su rostro.

Desde hacía unos meses, exactamente desde que Tokiya y él empezaron a salir, Otoya prefería quedarse en su habitación, puesto que era el único lugar donde podía disfrutar de su novio –“novio”, qué bien suena, ¿verdad?– y el único lugar donde podían estar completamente solos, donde ni siquiera las cámaras del director podían observarlos. Allí, ambos podían hacer lo que quisieran, sin preocuparse por nada ni por nadie.

–Y yo a ti, baka.

Y además Tokiya cambiaba mucho cuando estaban solos. Su gélida mirada llena con la más profunda indiferencia se transformaba en una mirada tierna y dulce, que solo el pelirrojo tenía el honor de ver. También estaba su sonrisa. Tokiya sonreía mucho más en la habitación… Siendo así, ¿cómo iba a preferir salir a jugar antes que ver la faceta que el mayor reservaba solo para él?

Tokiya le dio un beso. Otoya aguantó otra sonrisa para corresponderle. Definitivamente, no le importaba si estaba encerrado, siempre y cuando estuviera con Tokiya. Ya tendría tiempo de salir a jugar cuando el mayor no estuviera, aunque esperaba que no se fuera nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario