“Tokiya… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te fuiste? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? No consigo recordarlo. Y desde que saliste por esa puerta no he vuelto a saber nada de ti. ¿Acaso no vas a volver? Te echo mucho de menos Tokiya, todo en esta habitación me recuerda a ti, aún soy capaz de distinguir tu olor. Tu lado de la habitación sigue igual de pulcro que siempre, aunque tu almohada no esta en su lugar, sino entre mis brazos. Cierro los ojos para concentrarme en el aroma que desprendía, tu aroma… Vuelve pronto Tokiya, te echo de menos…”
–Ya estoy en casa
–¡Tokiya!
El pelirrojo soltó la almohada y salió corriendo hacia la entrada para abrazar fuertemente a su compañero de cuarto.
–Siento haber tardado, había mucha gente en el supermercado –se disculpó el mayor, el pelirrojo negó con la cabeza.
–Pero ya estás aquí –sonrió.– Te eché mucho de menos
–Si he estado fuera solo unos minutos…
–¡Para ti han sido minutos, pero para mí han sido meses e incluso años!
Tokiya sonrió, Otoya era todo un experto en exagerar las cosas, pero incluso eso le encantaba. Le besó dulcemente para callar a su amante y caminó hacia la cocina, con el pelirrojo siguiéndole como un perrito faldero, con una gran sonrisa de oreja a oreja porque su compañero, después de meses e incluso años, había vuelto a su lado.



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