–Luka-san –sonrió con dulzura a la mujer que estaba ante sus ojos. Ella le devolvió la sonrisa con el amor más grande que haya podido existir en aquella tierra y le hizo una pequeña reverencia.
–Majestad
El príncipe se inclinó ligeramente para posar sus labios en los de ella. Era un beso tímido pero repleto de amor. Ambos sentían que estaban en el paraíso, un paraíso eterno ante sus ojos. No podía haber nada que los separara, o al menos eso pensaban, su felicidad y amor era demasiado grande y fuerte como para que terminara. O eso pensaban.
Ella tenía el poder suficiente como para poder parar el tiempo, lo sabía muy bien, pero prefería continuar con esa felicidad. ¿Para qué parar el tiempo cuando todavía tenían mucho más que disfrutar? Era una tontería hacerlo, por lo que ni siquiera lo intentó.
Su madre le había dicho de pequeña que todo tiene un final, por mucho que nos guste o no, todo tiene que acabar. También le dijo que cerca de los humanos las cosas eran aún más efímeras. Pero ella confió en su amor, confió en él y en el amor que sentía hacia ella.
Si tan solo ella hubiese hecho caso a su sabia madre, si tan solo hubiese usado su magia, aquel trágico final nunca habría llegado. Porque ella tenía la suficiente magia para detener el tiempo en aquel momento de felicidad.
“Penitenziagite! Penitenziagite!”



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