Les miró de reojo por décima vez mientras intentaba concentrarse en las canciones que escuchaba en su mp4. Ahí estaban, en su habitación, los dos, besándose tranquilamente, pese a que el amor estaba prohibido en esa academia.
Otoya no quería estar ahí, no quería seguir viéndoles ni escuchando sus cursilerías. Quería irse de allí, o al menos, quería apartar a Haruka de Tokiya y estar en su lugar, en su cama, debajo de Tokiya, mientras este le besaba y mimaba.
Y Otoya se habría ido, si no fuera porque no tenía nada que hacer y tampoco le apetecía con el panorama que tenía enfrente.
Muchas veces había tenido la tentación de contarle al director el secreto de su compañero. Pero Tokiya se enfadaría si lo hiciera, y le había costado mucho acercarse a él, aunque seguía habiendo un gran abismo entre ambos. Y Otoya lo último que quería era que Tokiya le odiara, no podría soportarlo puesto que, al igual que Haruka, Otoya también estaba enamorado de su compañero.
¿Y cómo no estarlo si era perfecto? Su cuerpo, su cara, su sonrisa, su dulce voz, su responsabilidad, su seriedad… Todo eso y mucho más le había enamorado por completo, incluso su frialdad, aunque pudiera sonar masoquista, pero él sabía que detrás de su aparente frialdad era un hombre muy dulce.
Sin embargo, ese cielo en la Tierra estaba con Haruka, una buena chica, dulce y amable, no podía decir que hicieran mala pareja, o que Haruka fuera demasiado poco para Tokiya, pero aún así dolía verles juntos. Dolía verles besándose delante de sus narices.Cómo deseaba ser Haruka, cómo deseaba a Tokiya.
-Me tengo que ir ya, es demasiado tarde y Tomo-chan se preocupará.
-Está bien, nos vemos mañana –le sonrió dulcemente, a lo que Otoya puso una mueca de dolor.
-Te quiero –le besó por última vez antes de irse, Tokiya asintió con una sonrisa. Otoya deseó que esa frase fuera dirigida a él.- Hasta mañana Ittoki-kun
-Hasta mañana Haru-chan–respondió Otoya intentando parecer alegre como siempre.
Cuando la puerta se cerró, la expresión dulce de Tokiya cambió a su expresión de siempre, aquella indiferente y fría expresión. Cogió el libro que tenía a medias y siguió leyendo, ignorando la mirada del pelirrojo, que se había mordido el labio inferior.
Y así estuvieron un buen rato, Tokiya sumergido en su libro y Otoya sin apartar la vista de él. No podía aguantarlo más, le quería, le amaba, le necesitaba.
Se levantó de la cama decidido y se acercó a él. Tokiya le ignoró. Otoya no apartó la vista de él en ningún momento.
-¿Qué quieres? Estoy leyendo –preguntó sin apartar la vista de su libro. En verdad le gustaba.
-Mírame –pidió, con tono indiferente.
Tokiya, resignado, apartó por fin la vista de su libro para mirarle. En esa fracción de segundo, Otoya aprovechó para juntar sus labios con los de su compañero.
Tokiya abrió los ojos impresionado, sin entender del todo qué estaba pasando. ¿Otoya le estaba besando? ¿De verdad? ¿Por qué?
Fue un breve beso, en el que Otoya intentó transmitir todos sus sentimientos, pese a que eran demasiado grandes para plasmarlo en un sólo beso. Sin embargo, a pesar de su brevedad, Otoya lo disfrutó como nunca. Más que cuando escucha música, más que cuando toca la guitarra, más que cuando canta. Si Tokiya era el cielo, besarle era mucho más.-Otoya, ¿po-por qué lo has hecho? –Sus mejillas se tiñeron de un color rojizo, similar al cabello del menor. Su corazón no dejaba de latir descontroladamente. ¿Por qué se sentía así?
-Te amo Tokiya –respondió con una dulce sonrisa.
Dicho esto, salió de la habitación sin volver la vista a Tokiya, que seguía sonrojado y asombrado por la repentina declaración.
Al cerrar la puerta de la habitación, se apoyó contra ella y se dejo caer al suelo. Cuando sintió el frió suelo, se sonrojó de repente, al mismo tiempo que el pánico le inundaba. ¿Qué acababa de hacer? ¡Había besado a Tokiya! Ahora sí que estaría enfadado, seguramente no le volvería a dirigir la palabra. ¿Qué esperaba conseguir con ese beso? ¿Que le quisiera? Tokiya tenía novia, estaba claro que no le interesaban los hombres.
Ocultó sus ojos que se habían llenado de lágrimas tras sus manos. Ahora sí que le había perdido del todo, ni siquiera podrían ser amigos. Era un imbécil por hacer eso. Se maldijo a sí mismo y se arrepintió mil veces de lo que acababa de hacer. Pero…
Había disfrutado tanto de ese beso. Aún podía sentir los labios de Tokiya en los suyos, dulces y cálidos. Aunque Tokiya le odiara, valió la pena, porque pudo saborear ese manjar del cielo.
La mañana llegó, Otoya había pasado la noche en la habitación Masato y Ren. No se atrevía a ver a Tokiya, el simple hecho de imaginar su cara de odio, le llenaba de miedo y, al mismo tiempo, le dolía. Así, pasó el día, evitando a Tokiya. Sin embargo, era inevitable que se encontraran.
-Otoya
-To-Tokiya… Eh… Tengo que irme, he quedado con Syo para jugar al fútbol –buscó una excusa.
-¿A las 9 de la noche? –le miró incrédulo. Otoya se golpeó mentalmente por no encontrar una excusa mejor. -Tengo que hablar contigo –le dijo serio- es sobre… anoche…
Otoya se asombró ante el tono de Tokiya, había sonado ¿nervioso? Su corazón dio un vuelco. No, era imposible. Seguramente iba a decirle que él estaba con Haruka, que no le interesaban los hombres y mucho menos él. Sintió una punzada en el corazón.
-He dejado a Haruka –soltó con serenidad.
El pelirrojo se sorprendió aún más. ¿Qué había hecho qué? No, era imposible. ¿Por qué? ¿Por él? Negó mentalmente, eso era mucho más que imposible. Seguramente Tokiya le estaba gastando una broma. Una broma de muy mal gusto.
-¿Por qué? Se os veía muy bien juntos…
-No estaba enamorado de ella –soltó tranquilamente. Otoya le miró sin entender. –Es cierto que Haruka es una chica mona, amable y dulce, la mujer perfecta, y la quiero… Pero, no estoy enamorado de ella.
-Va-vaya, pobrecita… –Inevitablemente, el corazón de Otoya se llenó de esperanza… Quizás… Quizás fuera imposible, pero ¿y si fuera así? –¿Y eso que tiene que ver conmigo? –Otoya rezó, rezó para que su deseo de estar con Tokiya se hicieran realidad.
-Tú… Tú me has hecho sentir muchas más cosas con un simple beso de lo que Haruka me ha hecho sentir nunca.
En ese momento, Otoya se sintió en las nubes, incluso pudo escuchar una música celestial y pudo ver a cientos de ángeles rodeándoles. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez de felicidad, y su expresión de asombro pasó a la más absoluta felicidad.
-Eso quiere decir que… –esperó ansioso la respuesta.
-Te amo Otoya –sonrió Tokiya, la primera sonrisa que le dirigía, una sonrisa dulce y sincera, llena de cariño.
Otoya no dudó en lanzarse en los brazos de Tokiya para abrazarle y besarle, mientras sonreía feliz. En ese justo instante, se sentía el hombre más feliz del universo.
-¡¡Te amo Tokiya!! –gritó, abrazándole fuertemente, Tokiya sonreía mientras le abrazaba intentando tranquilizarle, mientras susurraba un “y yo a ti”.



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