-¿No crees que Ichinose-senpai es demasiado frío?
-Sí, a veces da un poco de miedo… Todo lo contrario a Hayato
Otoya caminaba por los pasillos de la gran Academia Saotome cuando escuchó sin querer esa conversación entre dos chicas menores que él.
No pudo evitar sonreír ligeramente con orgullo. Si tan solo ellas conocieran al verdadero Tokiya… Al Tokiya dulce y cálido que le hacía enamorarse de él cada día más. Si tan solo le vieran sonreír una vez, se enamorarían inmediatamente de él.
Sin embargo, ese privilegio estaba reservado exclusivamente para el pelirrojo que, sin que ambos sepan muy bien cómo, logró traspasar el infranqueable muro que Tokiya había construido para que nadie le hiciera daño. Solo Otoya había conseguido llegar hasta su corazón.
-¡He vuelto Toki-chan! –gritó abalanzándose al nombrado, quien le besó con amor.
-Bienvenido, Otoya –respondió con una ligera sonrisa.
-¿Me has echado de menos? –preguntó con cara inocente. Tokiya asintió y le dedicó una de sus más dulces y sinceras sonrisas. Acto seguido le besó.
-Mucho –sonrió de nuevo.
A Otoya le gustaría que todo el mundo conociera aquella faceta oculta de Tokiya. Sin embargo, prefería que esa faceta y esa hermosa y dulce sonrisa que llegan a enamorar a cualquiera fueran exclusivamente para él. Era el mayor privilegio del que se podía sentir orgulloso.



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