
Otoya observaba a su compañero, que estaba sentado en su cama leyendo un libro. Era su pasatiempo favorito, algo que hacía siempre que estaba en la habitación. El mayor bostezó, ya era tarde para él. En ese momento, la mirada de Otoya se fijó en los labios entreabiertos de Tokiya. De repente, una estúpida idea le vino a la mente. Quizás el mayor se molestaría, estaba seguro de ello, pero tenía que probarlo al menos una vez. Así, se levantó de la cama y se acercó hasta su compañero.
-¡Tokiya! ¡Tokiya! -le llamó con alegría.
-Dime -contestó sin apartar la vista del libro. Otoya infló las mejillas debido a la indiferencia de Tokiya.
-¡Mírame!¡Mírame!
Tokiya suspiró resignado y se giró para mirar al pelirrojo. En ese preciso instante, Otoya aprovechó para besarle. Tokiya se quedó completamente inmóvil debido al gran shock; simplemente, no se lo esperaba. Sus pálidas mejillas se transformaron en un rojo intenso. Tras recuperarse del shock, le empujó.
-¿Qu-qué haces? -miró a los ojos de Otoya, éste le miraba con intensidad, como si pudiera ver a través de él, como si estuviera planeando algo más. Sin embargo, a los pocos segundos, el pelirrojo sonrió como si nada hubiese pasado.
-Lo siento Tokiya, simplemente tenía ganas de besarte -sacó la lengua con inocencia. Tokiya le miró molesto; ¿qué clase de explicación era esa? Otoya era más estúpido de lo que pensaba. -Y ahora no puedo parar... -susurró con tono serio.
Tokiya no tuvo tiempo de decir nada cuando el menor le había vuelto a besar. No obstante, esta vez no pudo apartarse de él, pese a que él quería hacerlo, sin embargo, parecía que su cuerpo no respondía a las órdenes de su cerebro. Así pues, se dejó llevar mientras saboreaba los exóticos labios con sabor a chocolate de Otoya. Al fin y al cabo, no podía negar que le gustaba. Más de lo que podía haber pensado nunca.



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