Estaba sentada en la cama, las piernas encogidas, sus brazos alrededor de ellas, su cabeza escondida. Las lágrimas no paraban de salir y ella tampoco hacía nada por detenerlas. El llanto era audible por toda la casa, y ella sabía que no tardarían en escucharla y correr hacia ella, y el interrogatorio que tanto la molestaba en esos momentos comenzaría. Pero no tenía fuerzas para contenerse y tampoco le importaba. Alguien entró en la habitación y le dio un abrazo, mientras hacía las preguntas de siempre, aquellas que se negaba a contestar, aquellas que no podía contestar si no era con un movimiento de cabeza. Su cuerpo comenzó a temblar con suavidad al principio, más intenso al final, pero su llanto no menguaba. Alguien le dijo
"Grita"
Y ella gritó por su dolor.



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