Oz estaba en la biblioteca de la mansión Vessalius, sentado en una silla, concentrado en leer su libro favorito, Holy Knight. Su sirviente le miraba embelesado mientras le servía el té de la tarde. Admiraba a su amo, desde el primer día que le vio. Le admiraba tanto que le observaba siempre y le seguía a todas partes, pese a las travesuras que hacía a su costa.
-Gil, el té se está saliendo
-¿Eh? -Gilbert volvió a la realidad al escuchar la voz del chico de ojos esmeraldas y miró su taza, estaba llena y el té rebosaba, manchándolo todo. El sirviente, avergonzado empezó a disculparse, mientras lloraba. -Lo siento, Joven Amo, lo siento, lo siento. -Oz no pudo evitar reírse de la situación, su sirviente era realmente tierno cuando lloraba por cosas como esas.
-Eh, Gilbert -le llamó la atención, haciendo que el susodicho le mirara.- ¿Alguna vez has besado a alguien?
-Pues... Ada muchas veces me ha obligado a darle un beso de buenas noches -dijo pensativo, recordando las noches que la hija de los Vessalius le chantajeaba o le amenazaba para que le diera su beso de buenas noches. Un escalofrío le recorrió la espalda al recordarlo. -¿Por qué lo pregunta?
-No me refiero a ese tipo de besos -se acercó a Gil con una sonrisa en la cara. El niño de cabellos morenos se estremeció, conocía muy bien esa sonrisa y no le gustaba para nada. -Me refiero a un beso de verdad, uno en los labios -Oz estaba muy cerca de Gil, le miraba a los ojos, sin dejar de sonreír. En cambio, Gilbert le miraba con cierto miedo pero esperando algo, aunque no sabía exactamente el qué.
-N-No...
Rápidamente, el mayor besó a su sirviente sin dudar ni un segundo. El pequeño Gilbert abrió los ojos sorprendido por la reacción de su amo. No sabía que hacer, estaba completamente estático debido al shock. Eso estaba mal, él era un simple sirviente y ningún noble debía besar a su sirviente. Intentó separarse, pero su cuerpo no le respondía. Por si fuera poco, en ese momento Oz, que desde el principio había tenido los ojos cerrados, los abrió. Por alguna razón Gilbert sintió que le estaba pidiendo que le correspondiera y que no se separara. Así pues, Gil correspondió el beso de su admirado (y desde entonces amado) amo, pero no sólo por petición suya, sino también porque él de verdad quería seguir sintiendo los labios de Oz.
Al poco tiempo se separaron, un hilo de saliva salía de la boca de ambos. Oz se limpió mientras sonreía satisfecho y orgulloso. En cambio, Gilbert aún estaba paralizado, mirando al rubio sonrojado y con los ojos llorosos, lo que aumentaba el ego de Oz.
-Jo-Joven amo...
-¡Lo sabía! ¡Los labios de Gil son dulces! -Sonrió ampliamente.
El recuerdo hizo que Raven sonriera. Habían pasado 13 años desde ese día, 12 años tenía su joven amo cuando le robó su primer beso. Nunca lo olvidaría, y tampoco el sabor tan exótico de los labios de Oz, una mezcla de vainilla y chocolate. Se preguntaba si aún mantendría ese exquisito sabor, quizás debería hacer pagar a Oz por robarle un beso...



No hay comentarios:
Publicar un comentario