viernes, 2 de septiembre de 2011

Beso de Buenas noches

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Era una oscura y silenciosa noche. La mansión de los Vessalius tenía invitados, ya que el hijo mayor, Oz echaba de menos a su tío Oscar y a su hermana Ada. En ese momento, todos estaban en sus respectivos cuartos durmiendo, excepto un joven que caminaba por los largos pasillos. La oscuridad no dejaba a los ojos poder reconocerle, pero el tenue brillo de la luna hacía resaltar su silueta. Aunque no veía nada, no le hacía falta; conocía esa mansión como la palma de su mano, aunque hubieran pasado 10 años, nada había cambiado.


Entró a una habitación, intentando hacer el menor ruido posible al abrir la puerta y la cerró con el mismo cuidado. En esa habitación yacía la persona que más quería, la persona que protegería siempre, aún a costa de su propia vida, la persona más importante para él. 
Los rayos de la Luna entraban directamente por una ventana, iluminando la cama. Podía ver su despeinado cabello y su  pacífico rostro dormido.Parecía un ángel. De hecho, para él era su ángel de la guardia, sin él no era nada. Se acercó a la cama y posó una mano en su mejilla. Acto seguido el chico sonrió, parecía alegre.

-Gil... -susurró entre sueños, dejando la boca entreabierta, mientras apoyaba su mano en la de Gil.

Gilbert miró fijamente a su amo mientras se acercaba lentamente hacia él. No sabía cuánto hacía desde que se había acostumbrado a conciliar el sueño solo cuando le daba a Oz un cálido beso de buenas noches. Así pues, Gilbert posó sus labios sobre los de Oz. Quizás estuviera mal, pero cuando besaba a Oz todo desaparecía y nada parecía importar. 
Se separó lentamente de él, en verdad no quería, pero sabía que tarde o temprano tendría que irse, así que era mejor cuanto antes. Sin embargo, cuando se alejó de él, Oz abrió los ojos.


-¿Qué hacías Gil? -preguntó Oz con un tono sensual y divertido en su voz. 
-Eh... Yo... N-Nada vine porque me pareció oír algo y quería asegurarme de que estabas bien -respondió nervioso, agradecía que la oscuridad escondiera su fuerte sonrojo. 
-Vaya -dijo mientras soltaba su mano y se sentaba en la cama- y yo que pensaba que venías a buscar tu beso de buenas noches -dijo apenado. 
-¿Mi... Be-beso? -¿Cómo sabía Oz eso? ¿A caso en alguna de las noches en las que entró a su habitación a escondidas él no estaba durmiendo? 
-¿No lo sabías? Cuando éramos pequeños, iba todas las noches a darte un beso -sonrió divertido.- Pero no me imaginaba que el pequeño Gil viniera a darme a mí, su amo, un beso de buenas noches.

El sirviente se sonrojó aún más. Por eso cada noche desde que le lanzaron al Abyss sentía que le faltaba algo además de su amo, por eso la noche del día en que llegó fue a besarle, por eso no podía dormir bien sin los labios de Oz; porque inconscientemente echaba de menos sus besos.

-Maldito, te aprovechabas de mí. 
-Puedes verlo así, pero yo solo hacía lo que por el día no podía hacer, ya que si lo hacía tu llorarías diciendo "Esto no está bien, Joven amo. No debe besarme, yo solo soy un sirviente" 
-Porque es verdad, un amo no tiene que besar a su sirviente 
-Pero aún sabiéndolo, lo has hecho -sonrió Oz tiernamente. En su interior estaba realmente feliz, había esperado que algo así sucediera desde hace mucho. 
-Pero ya no pertenezco a la familia de los Vessalius como antes, la gente no nos ve como sirviente y amo. 
-Mucho peor, perteneces a la familia de los Nightray, aquella que odia a la mía. Besándome, estás traicionándoles.

Gilbert se quedó callado, Oz tenía razón y aunque no le importaba traicionar a los Nightray eso estaba mal. Oz miró a su sirviente con ternura y cariño, le encantaba verle así, en una pelea interna consigo mismo, le encantaba Gil tal y como era.
-Gil -con suavidad cogió su cara con ambas manos, obligando al moreno a que le mirara- no me importa si eres mi sirviente  o un Nightray, y si a mi no me importa, ¿por qué debería importarte a ti? -Gilbert seguía sin saber qué decir.- Te quiero desde que eras un crío que lloraba por todo. Así que por favor, solo te pido que a partir de ahora pueda besarte en condiciones y no tenga que esperar hasta que llegue la noche para poder hacerlo.
Sin saber qué contestar, apartó la mirada del rubio y la fijó en el suelo. El joven Vessalius se le había declarado de repente, nunca había pensado en la posibilidad de que algo así ocurriera. Aunque estaba muy feliz, porque él realmente estaba enamorado de su amo, no podía dejar de pensar en que eso estaba mal, un Nightray y un Vessalius, un amo y su sirviente... Volvió a mirarle a los ojos, y aunque no podía ver bien sus hermosa mirada esmeralda, pudo notar cómo le rogaban. Gilbert sonrió, si a Oz no le importaba, a él mucho menos, pues no había nada más importante para él que la felicidad del joven rubio.
-Podrás hacerlo cuando quieras -respondió finalmente Gilbert sonrojado mirando a un lado.
Oz sonrió aún más. Giró lentamente la cabeza de Gil y le besó en los labios. Fue un beso desesperado, ya que ambos ansiaban eso desde hacia años.
Esa noche, Gil y Oz durmieron abrazados, con una sonrisa en los labios. Nunca habían dormido tan bien como ese día, sintiendo el calor del otro, siendo completamente feliz, olvidándose de todo lo demás.

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