domingo, 16 de diciembre de 2012

Book Girl

Abrió la puerta del aula de golpe, buscando un lugar donde esconderse. Y entonces la vio. Una joven de largos cabellos y ojos claros, ocultos tras unas gafas que solo la hacían ver más hermosa. Sus largas trenzas se ondeaban con la pequeña brisa otoñal que entraba a través de la ventana mas lejana. Parecía estar sumergida de lleno en el libro que estaba leyendo, pues no levantó la vista cuando la puerta se abrió. Las hojas cayendo, su pelo dejándose mover por el viento, su respiración calmada, su expresión serena... De no haber sido por el movimiento de su pecho al respirar, habría jurado que se trataba de un cuadro. Un cuadro realmente bello. Antes de darse cuenta, se encontraba junto a ella con una mano apoyada en la mesa. Solo en ese momento, la muchacha aparto la vista del libro y dirigió su mirada a la persona que le había interrumpido. Su rostro era inexpresivo pero en sus ojos pudo notar cuanto le molestaba que le interrumpieran.

–Hola –saludó sin siquiera pensarlo. La joven permaneció callada. –Siento haber interrumpido tu lectura, pero necesito esconderme un momento, intentare no hacer mucho ruido para que sigas leyendo.

Se sentó en la silla más cercana, intentando hacer el menor ruido posible. La joven había vuelto su vista al libro y parecía haberse olvidado completamente de que alguien la acompañaba. La observó cuidadosamente, intentando grabar su imagen en su mente. No sabía cuánto tiempo había pasado, pues el tiempo parecía haberse detenido en aquel aula.

–¿Cuánto tiempo vas a estar así? –su voz hizo que despertara. Los ojos
–Ah, l-lo siento, me iré dentro de poco.
–No es por eso, es solo que… Me miras fijamente y me pongo nerviosa –sus pálidas mejillas se tornaron rosáceas.
–Ah.. l-lo siento.

Torpe. Se sentía una persona torpe y ridícula junto a ella. Desvió la vista. Notaba el calor en sus mejillas, seguramente se había sonrojado.

La campana sonó, anunciando el comienzo de la nueva clase. La joven guardó el libro en su mochila con cuidado y se dirigió a la puerta. “Hasta la próxima” fueron las únicas palabras que dijo antes de marchar. La vio alejarse, sus caderas moviéndose a cada paso que daba, caminando con gracia. “Hasta la próxima” había dicho, más por cordialidad que porque quisiera que se volvieran a ver, pero lo había decidido, iba a volver a verla. Tenía que volver a verla.

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