La noche llegó sin que me diera cuenta. El cielo se tiñó de un color oscuro al ponerse el Sol.
Apago el ordenador riéndome de lo que había hablado con mis amigos, feliz de alguna cosa que había visto en internet. Pero todo ello es una falsa alegría, una falsa felicidad.
Miro por la ventana, la ciudad está iluminada por las farolas, impidiendo así ver las bellas estrellas, y la calle está desierta. Una fresca brisa veraniega llega a mí.
Mis piernas tiemblan y el miedo me llena por completo. Sé que en cuanto ponga un pie en la cama, mis lágrimas saldrán. Es así desde que tengo uso de razón.
La noche… es tan bella... y a la vez… su soledad me da miedo…



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